"Me gustaría haber sido alguien", pensó. "Alguien capaz de ser consciente de sus actos. Alguien capaz de adivinar los verdaderos sentimientos de alguien..." Se quedó mirando al vacío un instante, acariciando sus rizos rubios, nerviosa. Recordó su sonrisa divertida, su mirada inteligente, su cuerpo atlético, sus ojos verdes, francos, su cabello moreno, su sonrisa divertida. La manera en la que la miraba, el modo en el que la trataba siempre, caballeroso, gentil, perfecto. Siempre fue su mejor amigo, su confidente, ¿por qué no admitir que también fue su gran amor? Y entonces, ¿por qué aceptó casarse con Sean? ¿Por qué se lo restregó en la cara, por qué no le dijo que no quería hacerlo, que sólo hacía caso a su padre? Ella no quería tener un marido famoso, ni lo había querido nunca. Pero su padre, su amado padre, la exhortó para casarse y tener una vida cómoda. Y ella había aceptado sacrificarse, porque no sabía el daño que le hacía a su amor, porque no sabía que él la amaba. "¡No estaba en el trato!", gimió para sí misma. "No es justo que él haya tenido que pagar por esto. No es justo que yo vaya a tener una vida fácil, mientras que él se ha sacrificado por mi causa." Suspiró, cerrando los ojos. Abrumada por su último pensamiento, abrió los brazos... Y se tiró al vacío, siguiendo los designios de su amado...
