viernes, 22 de enero de 2010

De lo que se aprende con Buzz

Sólo el hocico del oso polar es visible con gafas de visión nocturna.

Después de un día de no hacer nada es lo único que se me ocurre escribir. Y ni siquiera he hecho nada por averiguarlo.

martes, 19 de enero de 2010

Mis más sinceras disculpas

Hola a todos. Siento mucho no haber posteado antes, y muchísimo más aún no haber visitado vuestros blogs. Pero últimamente no voy muy bien de tiempo y tenía un par de libros pendientes desde Navidad...

En fin, como un vulgar programa de televisión, he cambiado algunas secciones. Bueno, una en realidad, pero van a ser muchas más en cuanto me acuerde de la idea que se me ha ocurrido esta tarde.

Por lo pronto, he quitado la encuesta (que realmente sólo puse por probar). Total 11 votos : 2 Tiene pase y el reto repartidos entre Muy bien y Genial. Los de Genial eran más bien pocos.

En sustitución, he puesto una selección de las Frases del Día. Son esas frases que surgen a lo largo de la mañana en el instituto y que hasta ahora sólo tenían lugar en mi agenda. Ahora las podréis ver todos...

En otro orden de acontecimientos (lo siento, es que estoy estudiando los conectores y me salen solos), he decidido que voy a diversificar el blog. No sólo literatura, porque reconozco que no soy tan buena escritora como para que sea una delicia leer todo lo que escribo, así que pondré pinceladas de mi vida, algún que otro poema de algún que otro autor, la reseña de algún libro. Todo debidamente etiquetado para que sea más fácil encontrarlo todo.

En fin, creo que ya está. Seguiré informando. Si tenéis alguna sugerencia no tenéis más que comentar.. :-)

Ciao!!

Poetas filósofos depresivos con ganas de amargarle el día a alguien (p.e. a mí)

En un alarde poetario (sí, me he inventado la palabra) me dije a mi misma que para alcanzar la Luna primero debía llegar hasta Marte. Por favor, que alguien me lo explique.

domingo, 27 de diciembre de 2009

And all I want for Xmas is you

Sonrió. Miró la nieve a su alrededor, pensando en la blancura que destilaba la Navidad. Blancura que contrastaba con la negrura de su corazón sangrante.

Torció por la esquina de la tienda de artículos de broma y comenzó a correr, hasta llegar al parque. Se recostó contra un árbol, sintiendo el frío suelo. Comenzó a llorar.

Su móvil sonó con una melodía que destilaba esperanza. Lo sacó del bolsillo y lo miró con odio. El aparato no podía sentir...

Decidió leer el mensaje. Nada podría hacerle daño. Le sorprendió ver que era de su hermana. Preguntaba por su ubicación. Le contestó simplemente que llegaría enseguida.

Se quedó mirando al vacío durante un tiempo que nunca pudo determinar. Pero cuando levantó la vista, él estaba allí.
-Perdona, ¿estás bien? Te estaba mirando desde allí...
-Sí, Sí... No te preocupes. Yo sólo...
-Eres la novia de Juan.
-Era- no pudo refrenar las lágrimas de sus ojos.
-Es eso, ¿no? El muy cabrón te ha dejado.- sonrió, incrédulo. Después la miró fijamente, extendiendo los brazos para ayudarla a incorporarse-. ¿Sabes? No debería alegrarme, pero... ¿Tienes que hacer algo en Nochevieja?
-No-sonrió ante la franqueza del muchacho.
-¿Qué te parece si quedamos aquí a las una y vamos a una fiesta? Así podré conocerte...
-A las una perfecto.
-Genial. Estaba deseando conocerte.
-¿En serio?
-¿Tu que crees?
Se acercó a ella y la besó levemente en los labios.
-Me llamo Fran. Y será mejor que te vayas, tu hermana estará preocupada... Nos vemos.
-Nos vemos-dijo dándose la vuelta, y caminando hacia su casa. Cuando llevaba diez metros andados, se dio la vuelta-. Me llamo Silvia.
-Lo sé.
Sonrió y se dio la vuelta de nuevo, feliz por haber recibido su regalo de Navidad.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Sam y Keyra

Sam Reynolds se miró al espejo. Atractivo, guapo, moreno, sonrisa perfecta, ojos seductores y sin embargo una mirada infinitamente triste.

Keyra Smith miró por un instante su reflejo en el cristal del coche. Las gafas de sol oscuras, el pelo largo castaño desordenado por el viento, la boca mascando chicle, daban a su imagen el aspecto de dura que hacía que todos los chicos se giraran para mirarla.

Sam Reynolds era un chico tímido, abstraído, a quien la atracción que las chicas parecían sentir hacia él nada más le provocaban sonrojos. Todo sobresalientes, excelente en deportes, visitas casi diarias a la biblioteca y fines de semana encerrando en casa leyendo las aventuras de Sherlock, Crusoe, d’Artagnan o cualquier héroe literario que se le pusiera delante.

Keyra Smith era la líder de su grupo, siempre extrovertida, provocadora, seductora. Sonreía a los chicos que bajaban las gafas de sol al verla pasar. Raspaba el suficiente, pero su encanto personal le sobraba como para ganar un notable con un par de camisetas estrechas. Siempre había alguien dispuesto a ayudarla. Cada fin de semana, visitaba religiosamente la Fresh Coke, la discoteca de moda, donde bailaba hasta el éxtasis, junto a todos los chicos que la pretendían.

Sam Reynolds solo salía lo justo de su casa. Keyra Smith casi no la pisaba. El universo entero se encogió cuando ambos adolescentes se encontraron.

Sam ojeaba el nuevo libro que había comprado, una edición de bolsillo de Orgullo y Prejuicio. Keyra tarareaba la canción que sonaba a todo volumen en su iPod Touch, con los ojos cerrados.

Dos coches chocaron, una anciana se dislocó la cadera, un niño perdió su globo y el gato de la vecina del cuarto murió. Pero no importaba nada, porque Sam Reynolds y Keyra Smith acababan de mirarse a los ojos.


El mundo entero desapareció en ese instante, y tan solo existía un cruce de miradas, la de los ojos azules de él con los castaños de ella. Ambos, parados en plena acera, se cuestionaban los principios que regían su existencia.


martes, 24 de noviembre de 2009

Entre tú y yo

-Le he perdido...
-¿Por qué dices eso?
-¿Por qué? Ni siquiera me mira. Sólo se fija en ella...
-No puedes pretender que sólo esté contigo.
-¿Es demasiado pedir que me hable de vez en cuando y que no sea de ella?

Amanda la miró tristemente. No podía recordar ningún momento en el que su hermana hubiera estado tan hundida. Tan infeliz.

-Se le pasará, Sara. Los enamoramientos se pasan pronto.
-Ojalá, Amanda. Ojalá.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Palabras vacías

-Llora. Sonríe. Canta. ¡Cállate!¿No eres capaz de obedecer?
Le miró, con lágrimas en los ojos.
-Ten piedad...-súplicó.
-¿Piedad? ¿Por qué no me pides que te haga la reina de Inglaterra?
-No me hagas esto...
-¿El qué? ¿Querrías que te besara, que te abrazara, que te consolara con amor?
-Prometiste que me amarías para siempre.
-No especifiqué que clase de amor sería, querida. Te amo... A mi manera.

Se quedó mirándola, mientras se preguntaba cómo sería llorar.