miércoles, 7 de diciembre de 2011
La habitación azul
domingo, 23 de octubre de 2011
Reflexión: a propósito de Shakespeare
martes, 30 de agosto de 2011
Guerras, batallas y balas.
martes, 20 de abril de 2010
Canción última, de Miguel Hernández
Esta entrada es en honor a The Gothic Girl, que hace no mucho preguntaba quien es Miguel Hernández.

sábado, 10 de abril de 2010
Lágrimas de sangre (y IV)
MACABRO HALLAZGO DE TRES CADÁVERES
En la mañana de ayer, la policía irrumpió en una casa de esta localidad, encontrando en su interior los cadáveres de sus moradores, un matrimonio y la hija de ambos, de 16 años de edad. Los dos adultos presentaban serias heridas de arma blanca. Sin embargo, la menor presentaba hematomas en cuello y tronco. La causa de la muerte, a falta de confirmación por los resultados de la autopsia, pudo ser debida a una sobredosis.
Se desconoce como sucedieron los hechos, la policía se hecho cargo de la investigación, habiendo decretado la autoridad judicial el secreto del sumario.
Los vecinos del edificio afirman que la mujer sufría maltrato físico y psicológico, pero según fuentes policiales no hubo nunca ninguna denuncia por malos tratos.
Con ésta el numero de muertes por malos tratos de este año asciende a…
Extracto del diario Local
jueves, 11 de marzo de 2010
Lágrimas de sangre (III)
Se sentó en el suelo del baño, mirando al techo, con la cabeza apoyada en la pared. Una parte de su cerebro se preguntó si no estaba perdiendo la cabeza ¿Matar podía volver loca a la gente?
Quizás no le hicieran nada. Lo hizo en legítima defensa, ¿no? Su madre estaba muerta y ella no sabía que hacer. Claro, que… Nunca denunció a su padre. Nunca… De repente tuvo una fuerte convicción y sus ojos se llenaron de angustia. No la creerían. No la creerían y la meterían en un reformatorio… Uno de esos reformatorios horribles… Con gente horrible… ¿Habrían reformatorios para chicas? A lo mejor era una cárcel como la de La reina del Sur, aquella novela de Reverte. Quizás la experiencia la hiciera rica…
Cuando estuvo segura de que se le había pasado la angustia, volvió al comedor. Miró la sombra del cuerpo de su padre, y echó un vistazo al resto de la sala. Recordó los sucesos acaecidos esa misma noche y se estremeció quiso apartar esos pensamientos de su mente, pero no pudo…
Estaban ambas sentadas en el sofá, una junto a la otra, la hija abrazando a la madre. Veían un capítulo grabado de perdidos. Ella se había dado cuenta de que esa serie distraía a su madre. Y necesitaba distracción. Así que, sin contarle nada del instituto, ni preguntarle por el trabajo, en cuanto llegaba se sentaban las dos a ver las peleas se Jack y Locke por una pistola. Aunque ella estaba más pendiente de los pasos que se oían en el pasillo.
A las once terminó el capitulo y fueron a acostarse. Como siempre, intentó convencerla de que se acostara con ella, pero como siempre, no quiso. Y también como siempre, se fue a la cama de matrimonio a esperarle. La oyó acostarse en la otra habitación e, intentando convencerse de que estaría bien, consiguió conciliar el sueño.
A las dos de la madrugada, escuchó el portazo que anunciaba su llegada. Se encogió sobre sí misma, deseando taparse hasta la cabeza con la colcha, pero se quedó alerta, esperando no escuchar más que tropezones y golpes contra los muebles. Sin embargo, oyó un grito de su madre y, por primera vez, la escuchó pedir clemencia. Aludía al amor que él sentía, a que en realidad no sabía lo que estaba haciendo, a que ella le quería. De él sólo se oían balbuceos ininteligibles, frente a los sollozos desesperados de su madre, pidiendo que recapacitara. Después un grito ahogado, un susurro sólo adivinado, el silencio. Un silencio absoluto.
Se levantó, poniéndose una chaqueta mientras caminaba hacia la puerta cerrada de su habitación. Avanzó por el pasillo, hasta que llegó a la puerta de la habitación de matrimonio. Allí se quedó paralizada. Vio a su padre, inclinado sobre el cuerpo inerte de su madre, que yacía sobre la cama.
-Papá… -musitó.
El monstruo se giró a mirarla, aun portando el cuchillo lleno de sangre.
-¿Qué has hecho? -susurró, mirando alternativamente al cuerpo de su madre y al cuchillo que él sostenía. Sangre. No podía ser. Él no hubiera sido capaz…
Se levantó con un bramido y salió corriendo por la puerta. Ella se apartó y le vio entrar al salón. No supo cuanto tiempo estuvo en el pasillo mirando al infinito. Después entró a la habitación y tapó el cuerpo de su madre, mientras unas pequeñas lágrimas surcaban su cara.
Fue al comedor y encontró a su padre tumbado en el sofá, con los ojos entrecerrados. ¿Cuántas veces le había dicho a su madre que necesitaban un móvil? Avanzó lentamente hacia el teléfono, dispuesta a llamar a la policía, pero tropezó con la mesa de centro y su padre abrió los ojos, mirando alrededor. Ella se abalanzó hacia el teléfono, intentando marcar el número de la policía. Él, adivinando sus intenciones, se echó sobre ella, impidiéndole descolgar y aplastándola contra el suelo. Pudo oler su aliento a alcohol, y vio un brillo de locura en sus ojos.
Puso las manos sobre su cuello y apretó, impidiéndole respirar. Ella extendió los brazos, buscando con las manos algo con lo que defenderse. Palpó un objeto suave y adivinó en él el cuchillo. Sin pensárselo dos veces, lo arremetió contra su agresor, acertándole en el cuello… Él paró, la miró desconcertado y se desplomó junto a ella. Se levantó y miró el cuerpo de su padre.
Rompió a llorar.
Ahora las lágrimas corrían a rienda suelta por su cara. No quería ser una asesina… No quería tener que cargar con una muerte en su conciencia.
-Papá, es culpa tuya… Destrozaste tu vida y te empeñaste en destrozar la nuestra. ¿Por qué…?
No pudo contener los sollozos. Recordó la leyenda urbana: la sobredosis de Paracetamol es mortal de necesidad. No se podía curar. Caminó hacia el cuarto de baño, donde guardaban las medicinas, pero se desvió hacia la habitación de su madre.
-Adiós, mamá. Nos vemos luego.
sábado, 27 de febrero de 2010
Lágrimas de sangre (II)
Buscó con la mirada el ordenador, causante de otra maratón de moratones, tras el visionado de la factura por parte de su padre. ¡Cómo le gustaría poder cambiar todo eso…!
La manzanita plateada reflejaba la luz de la lámpara que alumbraba su cuarto. Lo cogió y lo encendió sobre sus rodillas. Como de costumbre, la ventana de Internet se ejecutó sola, . abriéndose la página de Google. Frunció el ceño, contrariada. Esa noche nada era como de costumbre… ¡Y el ordenador seguía haciendo lo de siempre! Maldita informática… Siempre con las malditas pautas.
Guiada por un extraño instinto, tecleó la palabra “reformatorio” e inició la búsqueda. Se sonrió al ver la cantidad de resultados que aparecían. Se preguntó si ella tendría que ir a alguno de esos.
Una extraña sensación comenzó a atenazarle el corazón. Intentó identificar ese sentimiento y por un periodo indeterminado de tiempo se quedó mirando al vacío. Recordando…
El día de su último cumpleaños… Su madre estaba radiante. Se había maquillado a conciencia y mostraba una brillante sonrisa. No se daba de las miradas de todas las convidados, que la miraban preocupados. Pero ella… Ella la miraba de una forma especial. Sabía todo el esfuerzo que su madre estaba haciendo, y todo para ella, para que pudiera disfrutar de su decimosexto cumpleaños. Fue una tarde inolvidable, llena de risas, juegos bailes… Hasta que llegó él. La fiesta entera en silencio, exceptuando la canción que sonaba en los altavoces, Your song. se acercó a su esposa y le tocó la cara, sintiendo todas las capas de maquillaje que ocultaban sus cardenales. Y después, con una voz gutural, les dijo a todos que se fueran. En ese momento, ella supo que estaba borracho. Y que ese día no terminaría bien. Y se derrumbó sobre el suelo de su terraza, llorando, mientras sus amigas se iban, huyendo del monstruo.
Dejó el ordenador sobre su cama y, sin pensar, se levantó y se encaminó hacia la habitación de matrimonio.
Distinguió una silueta sobre la cama y se arrodilló en el suelo junto a ella.
- Mamá -empezó suavemente-. Mamá , tu sabes que yo le quería, ¿verdad? Nunca quise herirle. Pero si no… Si no hubiera… Si yo no… Me habría matado, ¿sabes? Tendrías que haber visto su mirada, mamá… Como en aquella película del muñeco diabólico. Esa mirada era clavadita a la de papá… Yo… Cuando `llegué y lo vi… -paró un instante-.¿Te acuerdas cuando fuimos de excursión? Subíamos por la montaña y papá me cogía en brazos para que no me cansara… Y Timmy estaba con nosotros -sonrió-. Papá me contó la historia de su nombre, ¿recuerdas? ¡Cómo el perro de Los Cinco! -su cara se entristeció-. Papá lo mató, ¿verdad? Le dio un golpe en la cabeza. Siempre lo he sabido, pero no quería decírtelo. Sabía que te hacía feliz que yo me creyera la mentira…
Hizo una pausa, mirándose las manos.
- ¿Sabes que he sacado un diez en Historia? Me pasé toda la tarde estudiando… Y dio sus frutos. El profesor está muy orgulloso… Pero me ha dicho que tengo que salir más. Todos los de la clase se han quedado pasmados. Yo he sonreído y le he dicho que lo intentaría. Por eso había pensado… ¿Qué te parece si voy el viernes al cumpleaños de Vanesa? Me ha invitado esta mañana. Es la semana que viene… -levantó la cabeza y miró al techo-. ¿Sabes, mamá? He decidido que quiero ser historiadora. Investigar las historias pasadas y los chismes de los reyes y los cortesanos. Estaría bien, ¿eh? Además podría vivir en Oklahoma o Massachussets… ¿Te imaginas? Podría ser una historiadora famosa… Como Robert Langdon… Ese era historiador, ¿verdad? El de El Código Da Vinci. Me parece que sí, aunque estaba especializado en simbología… He estado escuchando música, ¿sabes? My Chemical Romance, No Way Out, Lordi… Lordi es genial… Would you love a monsterman? es tan…
Calló de repente, sintiendo una gran angustia en el pecho, y no pudo contener las lágrimas.
-Mamá, mami -sollozó-. ¿Qué hago? ¡Está allí! Muerto, mami. Lo maté yo. Con el cuchillo. Con el mismo cuchillo con el que él… ¡Pero yo no quería! Mamá, él… ¡Él quería hacerme daño, quería…! Mami… No me harán nada, ¿verdad? Yo no quiero que me hagan nada, yo quiero estar contigo para siempre. ¿Qué derecho tenía él a tratarnos así? ¿Con qué derecho te pegaba y nos maltrataba? Mamá… -los sollozos se doblaron-. Deberías haber visto su cara cuando le clave el cuchillo… Me… Me miró y… No me odiaba mamá, pero… Estaba decepcionado… Él quería que yo aguantara más, que yo te salvara… Todavía la recuerdo… -tenía los ojos anegados de lágrimas-. Mamá, ¿crees que algún día me perdonará? ¿Me perdonará algún día? Mamá… Mami… Mamá…